El decorador Ricardo de la Torre partió de cero en este piso madrileño. Arte pop, ráfagas de pistacho y fotografía de gran formato. En tan solo seis meses, ha rehecho este apartamento en la zona madrileña de Recoletos para convertirlo en la segunda residencia de una familia extranjera amantes del arte. Sus 250 m2 fueron tirados completamente abajo.
El decorador se propuso que la luz del salón-comedor, la única estancia que da a la calle bañara al resto. Para ello demolió tabiques y lo unió visualmente a través de unas columnas con la entrada, haciendo en ella una salita con chimenea. De esta forma, no es el típico hall de paso sino un espacio habitable. Los espacios de la vivienda son fluidos y diáfanos para que la colección de los dueños, que comprende luminosos, pinturas, esculturas y, sobre todo, muchísima fotografía de gran formato respire. Los dueños buscaban contemporáneo de nuevos artistas y con un punto pop, como el neón de Tracey Emin. También son amantes del arte cinético, de ahí la bailarina de Umberto Ciceri. En cuanto a la decoración, se desarrolló algo suave y sencillo, con muebles de Vitra, Knoll y en su mayoría diseños míos de aire midcentury. De la Torre es un fanático de Le Corbusier, la Bauhaus y las líneas rectas, y le gusta aportar calidez con linos y terciopelos lisos, como ocurre en el sofá capitoné con patas de madera de la sala de estar. La joya de la corona es la mesa de comedor, que hizo de una sola pieza de hierro. Se utilizó una paleta cromática blanca manchada de verde, pues las áreas privadas eran bastante oscuras, y materiales nobles como el suelo de roble y los de mármol en baños y cocina.