El decorador Ricardo de la Torre ha convertido este piso al lado de la Gran Vía en un dúplex cálido donde los libros y el arte de la dueña, una editora digital, son el hilo argumental. Aprovechando sus hechuras casi industriales y sus acabados fríos y lineales para conseguir una apariencia y sabor relajado en apenas cuatro meses de trabajo. El piso tiene muchísimo carácter y un pasado peculiar. El edificio fue construido en los años 50 y tres décadas más tarde, los propietarios decidieron vender a un arquitecto la antigua vivienda del portero, que estaba en el ático, con unas terrazas y unas vistas impresionantes.
La particular configuración, con techos altísimos, permitió crear dos plantas. La propietaria quería tener una biblioteca como eje del conjunto, por eso el interiorista la colocó en la entrada, entre el salón y el comedor. Allí también se instalaron dos habitaciones y un aseo de invitados. Arriba está el dormitorio principal, con su vestidor y baño, y el despacho, que se asoma al salón. En esta zona, la altura del techo es de casi seis metros, lo que le confiere un aire de galería de arte. También ayuda el blanco inmaculado de las paredes, donde se pavonean las esculturas, fotografías y cuadros de la editora, que es una apasionada coleccionista de arte contemporáneo. La terraza más grande –hay dos, otra junto al salón que se usa como cuarto de estar o para echarse la siesta– se vive todo el año, porque tiene piscina, zona de sofás y comedor. Ricardo de la Torre superó con creces el reto lanzado al conseguir el auténtico lujo que supone reunir la belleza, el confort y la comodidad sin pretensiones.